Por Emma González Gil – Dra. En Egiptología por la Universidad de Barcelona

Dorothy Louise  Eady, conocida mundialmente como Omm Seti, es uno de aquellos personajes que sobrepasan el listón de la singularidad para convertirse en algo verdaderamente  anómalo y extraordinario. Debido a toda una serie de circunstancias traumáticas y excepcionales, Dorothy descubrió, cuando tan solo era una adolescente, que en otra vida, fue una joven egipcia llamada Bentreshyt y que su corta existencia había transcurrido en el templo de Abydos durante el reinado del faraón Sethy I.

Con 29 años, un pasaje de barco permitiría a esta heroína, iniciar una aventura arqueológica en busca de su pasado. Desde este momento, y hasta el final de su existencia, Omm Seti dedicó toda su energía y entusiasmo al estudio de la cultura faraónica. Gran conocedora de la escritura jeroglífica y de la civilización del antiguo Egipto, participó, durante dos décadas en las excavaciones llevadas a cabo en Guiza y en otras zonas arqueológicas menfitas, colaborando con algunos de los egiptólogos más importantes de la época, además de realizar un destacado número de publicaciones. Durante este tiempo, Omm Seti experimentó toda una serie de vivencias  paranormales totalmente relacionadas con el antiguo Egipto y paralelas a su trabajo científico. Finalmente, y tras veinte años monopolizados en el Bajo Egipto, Omm Seti pudo hacer realidad su sueño y retornar a su amado templo de Abydos para comenzar su verdadera vida; una vida consagrada, en buena parte, a la adoración de Osiris e Isis y, como no, a su amor eterno, Sethy I. Esta excéntrica dama hizo posible la reconstrucción del templo de Abydos. Con gran tesón y paciencia, más de dos mil bloques, que permanecían diseminados por todo el recinto templario, pudieron ser reubicados. El aspecto actual que posee el templo es obra de Omm Sethy, esta inglesa cuyo corazón perteneció y pertenecerá por toda la eternidad, a la tierra de Kemet.

Dorothy Louise Eady – Omm Seti

En el año 1904 nació en Londres una niña a la que sus padres bautizaron con el nombre de  Dorothy Louise  Eady. A la edad de tres años, la pequeña, que se hallaba en su casa, resbaló y cayó escaleras abajo. Los intentos por reanimarla fueron infructuosos y finalmente, el médico que la examinó dictaminó su muerte debido a un traumatismo craneal como consecuencia de la caída accidental. El cuerpo de Dorothy fue trasladado a su dormitorio a la espera de la llegada de una enfermera que debía lavarla y prepararla para sus exequias.  Sin embargo, a la hora de ir a recoger el cadáver, y para sorpresa de todos, se encontraron a la niña sentada en la cama jugando y con la cara llena de chocolate. A partir de aquel día y, de forma continua, Dorothy se sentaba en su habitación o se instalaba debajo de la mesa del comedor sollozando y repitiendo “quiero ir a casa”. Cuando sus padres le preguntaban dónde se hallaba esta casa, ella respondía “no lo sé, pero quiero ir allí”.

Aquel hecho, iba a ser el inicio de toda una serie de acontecimientos y fenómenos sorprendentes que la familia Eady intentaría asimilar y minimizar al máximo argumentado que todo ello era fruto del accidente ocurrido. El primer suceso tuvo lugar cuando Dorothy tenía cuatro años. En ocasión de la visita a Londres de un familiar, los Eady decidieron agasajarlo mostrándole el Museu Británico. En cuanto entraron en las salas dedicadas al antiguo Egipto, la niña se soltó de la mano de sus padres para acercarse a los objetos expuestos, besando los pies de todas las estatuas que estaban a su alcance. No contenta con ello, acabó sentada junto a una vitrina en la que se exponía una momia y sin querer marcharse. De nuevo, las palabras de la niña asombrarían a sus padres: “Déjame aquí, esta es mi gente”. Dorothy fue sacada del museo a la fuerza, pataleando y gritando.

Momia del faraón Sethy I. Museo de El Cairo.

Transcurrido un tiempo, el padre de Dorothy adquirió unos fascículos de la enciclopedia para niños de Arthur Mee, libro popular de la época en el que además de ilustraciones, había informaciones generales sobre temas diversos.  Dio la casualidad de que los cuadernos adquiridos llevaban imágenes de la civilización faraónica. Al verlas, la niña manifestó que éstas pertenecían a su lugar natal. Era tanta la curiosidad y las ganas de saber lo que decían los textos que acompañaban las fotografías que Dorothy aprendió a leer rápidamente. Un hecho curioso era su insistencia en poner una lupa sobre una página en la que se hallaba reproducida la Piedra de Roseta. A los seis años ella aseveraba que la escritura jeroglífica que aparecía en la misma la conocía, pero que se le había olvidado. Un año más tarde, ojeando las revistas que había traído su padre, Dorothy se transfiguró al ver, en una de ellas, la imagen de un gran edificio con columnas en cuyo epígrafe se podía leer “Templo de Sethy I en Abydos. Alto Egipto”.  A la chiquilla le faltó tiempo para  comentar: “Esta es mi casa. Aquí es donde yo vivía… pero, ¿Por qué está todo roto? ¿Dónde está el jardín?”.  En el artículo también se mostraba una ilustración de la momia de Sethy I, soberano de la dinastía XIX. Al verla, Dorothy dijo que ella conocía al hombre que aparecía en la fotografía y que se trataba de un señor bueno y amable.

 

Es posible imaginar el gran impacto que debieron sufrir los Eady al oír las palabras de su hija, una niña poco convencional y solitaria que detestaba usar zapatos y que tenía una gran obsesión por el Egipto milenario. De hecho, Dorothy fue siempre una niña y una adolescente singular a la que expulsaron de algunos centros escolares por considerarla hereje, debido a comentarios en los que argumentaba que la verdadera religión era la egipcia en lugar de la cristiana, ya que ésta era mucho más antigua y, por lo tanto, el cristianismo, una mera copia: “¿Después de todo no había resucitado tanto Osiris como Jesús?  ¿Acaso la virgen María no había adoptado características de la diosa Isis? ¿José, María y Jesús, no se parecían mucho a Osiris, Isis y el niño Horus?”.

Vista general del segundo patio correspondiente al templo de Sethy I en Abydos. Foto de Pascal Sébah tomada a mediados del siglo XIX.
Foto cedida por Manuel Abeledo Llabata.

 

Dorothy acostumbraba a acudir a una iglesia católica en la que solía escuchar misa porque le recordaba la “antigua religión”. En una ocasión, un sacerdote le preguntó el por qué asistía asiduamente y ella respondió: “A mí me gusta mucho su iglesia. Los sermones, los ritos y las ceremonias me resultan satisfactorios” “yo sigo la antigua religión egipcia”.

Aunque parecía que nadie era capaz de entender la sensibilidad de la hija de los Eady, Dorothy, que ya contaba con diez años, encontró finalmente a un hombre que además de creerla, la ayudaría. Este personaje fue, ni más ni menos, que Sir Ernest Alfred Thompson Wallis Budge[1], egiptólogo y conservador de las salas egipcias y asirías del Museo Británico. De la mano de su mentor, la señorita Eady, demostró grandes dotes para el dibujo además de  aprender a escribir, en un breve período de tiempo, la escritura jeroglífica. Incluso, llegó a corregir a su maestro transliteraciones y traducciones de textos egipcios.  Dorothy explicó a Wallis Budge que ella había dominado esa lengua hacía muchos años pero que la había olvidado y que, gracias a su colaboración, había sido posible recordarla.

Dorothy solía frecuentar también una tienda de antigüedades donde adquiría pequeños objetos de la época de los faraones. Una noche, cuando ya había  cumplido los catorce años, tuvo una experiencia sorprendente: “Estaba medio dormida y sentía una opresión en el pecho. Entonces me desperté y vi una cara inclinada sobre mí y unas manos que sujetaban el cuello de mi camisón. Reconocí este rostro como el mismo que había visto años antes en la fotografía de la momia de Sethy I. Lancé un grito, pero me inundaba la alegría. Era eso lo que uno siente cuando ha estado esperando algo durante mucho tiempo y finalmente llega, pero aun así nos causa sorpresa… Entonces él desgarró completamente mi camisón”.  A partir de este momento, Dorothy tuvo un sueño recurrente en el que se veía como una joven egipcia en una gran habitación en la que había muchas alfombras. Además de ella, en aquella estancia también se encontraban otras niñas y mujeres. Mientras estaban acostadas, entraba un hombre mayor que portaba una lámpara y se cercioraba de que todas estuvieran en su lugar y dormidas. El sueño se trasladaba entonces a una habitación subterránea rodeada por un canal de agua. En la misma, se encontraba la estatua de alguien que yacía en una cama funeraria. En este lugar, ella estaba situada delante de un sumo sacerdote, de mirada severa, además de otros hombres y mujeres. Todos la miraban como recriminándole algo y esperando respuestas. Al no responder, comenzaban a pegarle con una vara. En aquel momento Dorothy se despertaba gritando.  Fue durante esta época cuando empezó su sonambulismo.

Debido a  toda una serie de circunstancias, la familia Eady se trasladó a Plymouth. Dorothy  que creía en la reencarnación y estaba convencida que había tenido una existencia anterior en el antiguo Egipto, consultó en esta ciudad a algunos espiritistas acerca de sus sensaciones. Por desgracia no pudieron aclararle sus dudas y ella, poco a poco, fue olvidando el tema, centrando su atención y energía en la lectura de libros sobre la antigua civilización faraónica. Durante esta época, muchos diarios publicaban comentarios acerca de la preocupación del gobierno egipcio respecto a su patrimonio y cómo parte del mismo había salido del país de forma ilegal e indiscriminada. Uno de estos artículos, firmado por un arqueólogo egipcio llamado Selim Hassan, impactó a Dorothy  que entonces ya había cumplido los veinticuatro años. Sintiéndose culpable de poseer una pequeña colección de antigüedades egipcias resolvió devolverlas: “No había nada realmente valioso, pero yo la quería mucho. Sin embargo, cuando leí esos artículos me sentí culpable por tener esa colección y entonces metí todos mis objetos en una caja y se los envié al profesor Selim Hassan[2] del Departamento de Antigüedades Egipcias de El Cairo. No mencioné mi nombre y solamente incluí una cita del Nuevo Testamento: “Al César lo que es del César”.

Un par de años más tarde Dorothy regresaba a Londres. Al poco tiempo consiguió un empleo de relaciones públicas para una revista egipcia que promovía la independencia de este país. El destino quiso que conociera a  Iman Abdel Meguid, un egipcio de clase media procedente de El Cairo que se hallaba en la capital del Reino Unido estudiando métodos pedagógicos para trabajar en su tierra natal como profesor. Cuando éste tuvo que regresar a Egipto empezó a cartearse con Dorothy y finalmente, al cabo de un año, le propuso matrimonio. A los veintinueve años Dorothy Louise Eady escribió una misiva en la que aceptaba convertirse en la señora de Abdel Meguid y, sin más demora, compró un pasaje de barco para ir a Egipto: “Cuando bajé del barco, me arrodillé y besé la tierra diciendo: “Madre, he llegado a casa. Juro que nunca me iré de aquí”.

Sir Ernest Alfred Thompson Wallis Budge.

El egiptólogo egipcio Selim Hassan en Guiza.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Al cabo de poco tiempo, Bulbul, que es como el padre del novio bautizó a la recién llegada, quedó embarazada y, aunque la familia de ella insistió en bautizar al niño con el nombre de Georges, éste finalmente acabó llamándose, por expreso deseo de su madre, Seti.

Al poco tiempo de su matrimonio con Iman, éste se había percatado y aceptado, irremediablemente, que a su esposa no le interesaban los trabajos domésticos y que además era una persona realmente particular ya que alrededor de la misma solían producirse fenómenos extraños, como la aparición del faraón Sethy I que, aunque él nunca lo vio, si fue observado por la madre y el suegro de Dorothy: “Cuando llegué a Egipto, Su Majestad empezó a aparecer de nuevo. Desde su primera visita, cuando yo tenía 14 años, yo deseaba fervientemente que él regresara, pero no lo hizo hasta después que estuve casada. Yo sabía en el fondo de mi corazón que tendría que viajar a Egipto para ponerme en contacto con él”. “Mientras estuve casada, sólo le estaba permitido verme… y la mayoría de las veces no se presentaba en un estado materializado. Yo sólo podía sentir vagamente su presencia, salvo en algunas ocasiones en que, por desgracia, fue visto por mi madre, por mi suegro y, una vez, por mi hijo”.

Durante el segundo año de matrimonio, Iman se despertaba a media noche, cuando había luna llena, y veía sorprendido y al mismo tiempo extremadamente asustado, como su mujer se levantaba de la cama y, en estado de semiinconsciencia y semitrance, flotaba hacia un escritorio que se hallaba cercano a una ventana. Ella se dedicaba a escribir, todo aquello que le dictaban, en escritura jeroglífica. “El hombre que narra mi historia – su nombre es Hor-Ra – se tomaba su tiempo. Me dictaba unas pocas palabras y luego se ausentaba durante quince días tras los cuales volvía a contarme un par de líneas, siempre por la noche…” “Los fragmentos estaban allí y, cuando Hor-Ra dejó de venir comencé a componer eso que me parecía un gran rompecabezas”.

Las visitas nocturnas de este personaje etéreo duraron casi un año. Tras este período de tiempo, Bulbul se dedicó a transliterar, traducir y ordenar aquellos mensajes que ocupaban setenta páginas. A través de la lectura de todo el relato pudo saber que en su antigua encarnación como egipcia, tuvo una madre que vendía frutas en el mercado y que su padre era soldado en la guarnición de Shunet el-Zebit[3] ubicada en Abydos.  Al nacer, sus padres le pusieron el nombre de  Bentreshyt. Al morir la madre y ante la imposibilidad de ser cuidada por el padre, la niña, con tres años, fue llevada al templo de Kom el-Sultan, situado al norte del templo de Sethy I que, por aquel entonces, estaba en construcción. De este modo, Bentreshyt estaría cuidada además de tener la ocasión de educarse como sacerdotisa. A los doce años reafirmó su voluntad de permanecer en el templo haciendo voto de castidad. Entre sus obligaciones, debía representar el papel de Isis dentro del drama de la muerte y resurrección de Osiris, rol reservado, única y exclusivamente, a las vírgenes. Al cumplir los catorces años, sucedió algo que cambiaría totalmente su futuro. El faraón Sethy I se presentó en el templo con la finalidad de supervisar algunos de los trabajos que todavía se estaban realizando en su templo conmemorativo y, al ver a Bentreshyt, una adolescente de cabello rubio y ojos azules, quedó totalmente prendado por su belleza e ingenuidad. Tras algunos encuentros furtivos en los que “comían el ganso crudo[4]”, el soberano tuvo que regresar a Tebas, pero con la promesa de volver a buscarla. Al cabo de poco tiempo, Bentreshyt supo que estaba embarazada. La noticia no tardó en llegar a oídos del sumo sacerdote quien, tras un interrogatorio durísimo la obligó, inútilmente a confesar. Cuando Sethy I regresó recibió la triste noticia de que su querida Bentreshyt  se había suicidado.

Las rarezas y excentricidades de la Sra. de Abdel Meguid acabaron, durante el año 1936, en divorcio. Dorothy pudo conservar legalmente su apellido de casada y la ciudadanía egipcia. Abdel Meguid se casó con una prima lejana: “Su prima era muy buena cocinera y no le gustaban los monumentos. Yo me casé con el Departamento de Antigüedades Egipcias y todos estuvimos contentos”.

A partir de este momento, la vida de esta inglesa cambió radicalmente ya que se instaló cerca de las pirámides de Guiza y de la gran esfinge, en la zona de Nazlet el-Simman, un pequeño poblado erigido al pie de la meseta de Guiza. Al poco tiempo, encontró trabajo como dibujante en el Departamento de Antigüedades Egipcias. Dorothy fue la primera mujer que trabajó en este departamento y lo hizo bajo las órdenes del Dr. Selim Hassan, a quien  siete años antes le había mandado, desde Plymouth, su pequeña colección de antigüedades: “Mi primer trabajo para el doctor Hassan en Guiza consistió en copiar algunos detalles de otra tumba que él había descubierto”. Se trataba de la tumba de Rawer[5] . “Durante esta época yo también solía copiar las inscripciones del templo de Isis y arreglar algunas momias. No eran trabajos oficiales, pero era un maravilloso entrenamiento”.

Durante el día, Dorothy desarrollaba sus investigaciones dibujando y ejerciendo de arqueóloga. Sin embargo, al caer la noche, la excéntrica dama inglesa salía de su casa  para ir a orar ante la esfinge y ejecutar extraños rituales mientras susurraba palabras en egipcio antiguo. También solía depositar ofrendas tales como cerveza y flores además de quemar incienso. En Guiza tuvo muchos encuentros espirituales: “Cierta vez, cuando vivía en Guiza, me encontré a mí misma caminando en camisón por la meseta que se extiende junto a la gran pirámide. De pronto vi a rey Sethy que vestía una túnica blanca con un ancho cuello dorado. Él apareció y me preguntó: “¿Qué estás haciendo?” Yo le respondí: “Sólo estaba caminando”, a lo que él añadió: “Ven, camina conmigo”: Comencé a andar con él, y de pronto, a trepar por la pirámide. Cuando desperté por la mañana, el borde de mi camisón estaba completamente sucio y mis pies llenos de polvo”.

Esfinge colosal situada en la llanura de Guiza.

 

Dorothy realizaba viajes astrales: “Viajé muchas veces en mi cuerpo astral para visitar a Su Majestad y tuve noches maravillosas con él”.  Durante la época que pasó en Guiza, Dorothy recibía la visita de su amado Sethy I: “Esa noche su Majestad me preguntó si yo estaba de acuerdo en que a partir de ese momento él se materializase como hombre y me visitase. Yo le respondí que estaba ansiosa por ello”. “Cuando Su Majestad me visita ahora en su forma natural, tiene el aspecto de un hombre de 50 años ya que era la edad en la que lo había conocido y amado como Bentreshyt”. “Mi consentimiento personal era indispensable ya que, para que Sethy pudiera materializarse debía tomar parte de mi sejem[6]. También una parte de mi fuerza física estaba comprometida. Después de cada encuentro en que Su Majestad se presentaba materializado, siempre sentía fatiga física cuando él me dejaba”.

Cuando el Dr. Selim Hassan se retiró, Dorothy se mudó a una tumba abandonada de Guiza conviviendo con cinco víboras y un gran número de gatos. Sin embargo, al cabo de poco tiempo, regresó de nuevo a Nazlet el- Simman y comenzó a trabajar como asistente del Dr. Ahmed Fakhry[7] que estaba a cargo del proyecto de investigación de las pirámides de Dahshur. El trabajo arqueológico realizado en la zona permitió a Dorothy desarrollar una especial habilidad en la restitución de fragmentos parietales que contenían imágenes y textos.  Se valoró especialmente su trabajo consistente en catalogar y agrupar los fragmentos escultóricos procedentes de un gran número de tumbas y templos locales, además de la ayuda prestada a Selim Hassan en sus publicaciones.

Yacimiento de Dahshur. En la imagen puede apreciarse, al fondo, la pirámide romboidal del faraón Snefru. En un primer plano se encuentra el templo alto correspondiente a la pirámide roja, y la cara este de la misma construida, también, durante el reinado de Snefru, primer soberano de la dinastía IV (Reino Antiguo).

 

Aunque Dorothy tenía visiones y veneraba las divinidades del panteón egipcio, aceptaba los estudios académicos porque le permitían rescatar la antigua religión. Si bien el trabajo desempeñado por Dorothy era sumamente importante e imprescindible, ella vivía de forma sencilla y casi rozando la pobreza ya que cobraba un sueldo de secretaria. Era una mujer generosa y, de forma totalmente altruista y anónima, ayudaba a muchos estudiantes, periodistas y científicos en la publicación de artículos, libros y tesis doctorales en inglés.  Algunas de las publicaciones, firmadas por importantes egiptólogos egipcios de la época, habían sido obra de la dama inglesa. Mientras trabajó en Guiza publicó artículos breves sobre cuestiones sociales y políticas para el diario inglés local Egyptian Gazette, así como un ensayo acerca del juicio a los conspiradores que planearon matar al faraón Ramsés III.  En 1949  publicó  “Un sueño del pasado” en la que un bajorrelieve de la mastaba de Ti[8]  cobra vida mágicamente mientras la autora lo está contemplando.

Durante los primeros diecinueve años que pasó en Egipto, Dorothy se dedicó a estudiar y a trabajar en Guiza, Dahshur y Saqqara, siempre dentro  del campo de la egiptología y de la mano de los principales arqueólogos y egiptólogos de la época. Sin embargo, su mayor anhelo era ser transferida a Abydos donde deseaba pasar el resto de su vida. “Tengo un solo objetivo en la vida: ir a Abydos, vivir en Abydos y ser sepultada en Abydos”.

La primera vez que Dorothy visitó Abydos tenía cincuenta años y lo primero que hizo fue dirigirse al templo de Sethy I donde permaneció toda la noche. Se quitó los zapatos y, tras postrarse ante el dios Ptah[9], se dirigió a la parte norte del templo donde se halla un relieve en el que el faraón Sethy I se encuentra representado quemando incienso y vertiendo una libación de agua en tres recipientes. Esta iconografía simboliza “lavar el corazón” y significa alcanzar un deseo largamente ansiado. A continuación quemó incienso y realizó plegarias a Osiris e Isis. El corto tiempo que pasó en Abydos lo aprovechó también para visitar el Osireion[10] y el templo de Ramsés II además de las tumbas correspondientes al dinástico temprano. Cuando visitó el Osireion sucedió algo sorprendente: “Cuando visité el Osireion en 1952, yo ya no podía leer ni escribir sin lentes. Por alguna razón, de pronto decidí lavar mis ojos en ese pozo… y desde ese día nunca volví a usar lentes”. Dorothy aplicó el agua del Osireion a personas con enfermedades graves, como sería el caso de la epilepsia. Los resultados eran siempre sorprendentes, consiguiendo una sanación total.

La segunda vez que volvió a  Abydos lo hizo en 1954. Como en esta ocasión pudo permanecer un par de semanas, le fue posible explorar a fondo el enclave. Durante sus dos breves visitas sorprendió a los inspectores de antigüedades tras afirmar, categóricamente, que sabía dónde se hallaban diferentes elementos que constituían el templo de Sethy I ya que ella había vivido antes allí:  “Yo fui a ver al inspector y le dije: “Yo conozco este lugar. Sé dónde está cada cosa y a dónde pertenece”: Él me respondió: “Eso es imposible ya que este templo aún no ha sido catalogado adecuadamente”. “Fuimos entonces a recorrer el templo y él me dijo: “yo le indicaré dónde debe ir. Cuando usted llegue al lugar que considera correcto nos llama y veremos si está bien”. “Yo me dirigí directamente al lugar donde ellos me indicaban (la capilla de Amón). Probemos nuevamente. Esta vez me pidieron que fuera a la cámara de las barcas sagradas. Yo lo hice y los llamé. Lo intentaron 5 veces y nunca me equivoqué”.

Una vez de vuelta a El Cairo, Dorothy solicitó, en diversas ocasiones, su traslado a Abydos. Sin embargo, el Servicio de Antigüedades le denegaba su solicitud argumentando que las condiciones de vida en este lugar eran extremadamente duras y difíciles para una mujer ya que no disponía ni de electricidad, ni de cloacas, e incluso, ni de agua corriente. Sin embargo, en 1956, cuando el proyecto del Dr. Ahmed Fakhry había finalizado en Dahshur, se le presentaron dos opciones: un trabajo cómodo y bien pagado en la oficina de archivos de El Cairo o, un trabajo duro y mal remunerado en Abydos. Por supuesto, Dorothy optó por la segunda opción: “Desde la primera vez que pude hablar con Sethy, yo le había expresado mi deseo de toda la vida de quedarme en Abydos y trabajar en el templo. Él siempre pareció estar de acuerdo y cada vez que yo sentía que no era posible, Sethy me alentaba y me decía que era inevitable que yo regresara a Abydos para que pudiésemos concretar nuestros destinos. Se me apareció en la pirámide pocos días después de haber recibido la noticia de que el Departamento de Antigüedades, finalmente, había aceptado transferirme a Abydos para trabajar en el templo. Parecía muy conmovido y me dijo: “mi corazón se alegra por esto, querida mía”. “Se quedó conmigo toda la noche y me hizo el amor de una manera sorprendente. Antes de irse me dijo: “Mandaré mañana a un sacerdote para que te lleve conmigo, pues debo decirte algo, mi loto blanco. Ésa fue la última noche que hicimos el amor y fue la más dulce. Desde entonces, hemos dormido juntos muchas veces y nos hemos abrazado y besado, pero nada más, porque ahora el templo está entre nosotros como una espada”. “Entonces me explicó que este era el período en que ambos estábamos siendo probados. Si resistíamos a la tentación durante el resto de mi vida en Abydos, se nos perdonaría nuestra falta original y yo le pertenecería por toda la eternidad.  Yo le pregunté si volvería a verlo y me respondió que ciertamente iría a verme a Abydos”.

El 3 de marzo de 1956, Dorothy Louise Eady, a sus cincuenta y dos años, se instalaba definitivamente en su ansiada Abydos, su antiguo hogar. En Egipto se consideraba un signo de mala educación y de muy mal gusto llamar a las mujeres casadas por su verdadero nombre y, por este motivo, se las designaba como la madre del hijo mayor. De este modo Dorothy Abdel Meguid se convirtió en Omm Seti, nombre que utilizaría durante el resto de su vida. Como una habitante más de El Araba El Madfuna[11], Omm Seti se instaló en un pequeño habitáculo que constaba de dos plantas: “Cuando tuve mi primera mula, que la llamé Alice, la instalé abajo y yo ocupé la parte de arriba”. “En cierta ocasión tuve un ataque de flebitis por lo que no podía subir los escalones que conducían a mi cuarto y tuve entonces que compartir la vivienda con mi mula”. Su mula Alice no fue el único animal que le hacía compañía ya que  siempre se rodeó de numerosos animales entre los que cabe destacar los gatos, los gansos, los conejos  y las serpientes. Todos sus gatos tenían nombres relacionados con los antiguos egipcios: Horemheb, Ramsés, Tetisheri, Ahmes…

 

Omm Seti ante el segundo patio del templo de Sethy I en Abydos.

En 1956 el templo de Sethy I comenzó a ser restaurado bajo la supervisión de Eduard B. Ghazuli[12].  Las casas que estaban frente a la fachada del templo fueron demolidas. Ello permitió descubrir un pequeño palacio.  A Omm Sethy se le encargó catalogar y recomponer alrededor de tres mil piezas con inscripciones. El proyecto le tomó cerca de dos años. Omm Sethy asesoró a los demás técnicos en temas como la altura exacta de las columnas del templo o en el desciframiento de inscripciones jeroglíficas extrañas, así como en la ubicación exacta de los antiguos jardines del templo. Además de los trabajos arqueológicos que realizaba, se dedicó a escribir un calendario de uso personal en el que anotó una lista de fiestas religiosas del antiguo Egipto y el tipo de ceremonias y plegarias que debían realizarse en cada ocasión. Al tener acceso ilimitado al templo, todas las mañanas y todas las noches, entraba en el mismo, siempre descalza, con la finalidad de quemar incienso y orar ante Osiris, además de practicar rituales litúrgicos como se realizaban en época faraónica.

Omm Sethy continuó participando en las excavaciones en Umm el-Qaab[13] así como en el templo de Ramsés II copiando sus inscripciones. Estableció su oficina personal en una de las salas del templo de Sethy I. Justo en este lugar, acudía, cada día, una cobra a la que alimentaba con leche y huevos.  En aquella época también emprendió una campaña para evitar que los visitantes y turistas escribieran en las paredes de su “hogar”.

Desafiando toda clase de convenciones estilísticas y sociales, Omm Sethy vestía de forma bastante extravagante, incluso utilizando capucha y mantón combinado con una mezcla de perlas falsas y todo tipo de piedras egipcias y un amuleto anj[14]  que pendía de su cuello.

La gran mayoría de los habitantes de El Araba El Madfuna temían a Omm Seti por considerarla una especie de bruja ya que, además de tener acceso a antiguos textos de magia egipcia y practicar los conjuros y hechizos mencionados en los mismos, se comunicaba con las serpientes y otros animales. Así mismo, curaba y ejecutaba prácticas ancestrales con las que era capaz de erradicar enfermedades incurables o bien problemas de infertilidad.  Omm Seti estaba convencida de que el templo de Sethy I poseía poderes curativos. Creía también en las propiedades beneficiosas del agua del Osireion, un agua que energizaba  y curaba por completo.

Osireion de Abydos.

 

Llegó a ser una gran conocedora de la medicina popular. Para ella los árboles curativos y las aguas con poderes eran manifestaciones de los dioses a quienes ella veía y con quienes vivía, además de rezarles diariamente. En 1964 Omm Sethy celebraba su sesenta cumpleaños. Tras ocho años viviendo en Abydos, llegaba la hora del retiro obligatorio a lo que ella rehusó. El Departamento de Antigüedades Egipcio decidió hacer una excepción con ella y le permitió permanecer trabajando en Abydos durante cinco años más sin derecho a ningún otro tipo de prórroga.

En 1971 el hijo de Omm Seti, que era un empresario exitoso y consejero del ministro de educación de Kuwait, visitó a su madre con la intención de convencerla para que se fuera a vivir con él. Sin embargo rechazó la invitación: “yo prefiero vivir en una choza de barro en Abydos que en una villa con aire acondicionado en cualquier otra parte”.  La pensión de Omm Seti era extremadamente reducida, 30 dólares al mes y, por este motivo, se vio obligada a desarrollar nuevas actividades como bordados con representaciones de dioses egipcios, escenas de templos e inscripciones en jeroglíficos  que luego vendía a sus amigos y a los turistas.  Muchos de ellos, debido al gran aprecio que sentían por esta mujer, le llevaban regalos tales como ropa, libros, revistas, galletas, vitaminas y té.  Otra de las actividades que desarrolló esta inglesa,  fue la de guía de “su templo”, además de consultora para el Departamento de Antigüedades Egipcias.  Un año más tarde, tras un ataque al corazón decidió cambiar de hogar y se mudó a una pequeña casa de adobe que ella denominaba “Omm Seti Hilton”; todo un lujo, ya que estaba constituida por dos habitaciones, un cuarto superior, un aseo y un mobiliario sencillo compuesto de dos armarios, una cama, una estantería para libros, un mechero, una tetera y una radio para escuchar, todas las noches, la BBC. Al poco de mudarse a su nuevo hogar recibió la primera visita de Su Majestad. Estas visitas llegarían a ser muy frecuentes. Omm Seti escribiría en su diario el 26 de julio de 1972: “Su Majestad vino de nuevo anoche. Esto es muy poco frecuente. Yo me desperté a las 1:30 de la madrugada sintiendo un peso en mi hombro y encontré a Su Majestad dormido junto a mí, con su cabeza descansando sobre mi hombro y un brazo en torno a mi cuerpo. A la luz de la lámpara él parecía muy tranquilo y contento, así es que no me moví ni intenté despertarlo”.  En  ocasiones, ella le preguntaba  sobre la historia del antiguo Egipto y su origen así como diferentes aspectos de la cultura faraónica: “… Yo le pregunté acerca del Osireion y él me dijo: “No lo construí yo. Es mucho más antiguo. Existía mucho antes de mi época”. También le dije que de acuerdo con los investigadores, la esfinge databa de la época de Jafre, pero él me dijo: “No, es más antigua… Me dijeron que era un monumento para el mismo Horus”.

Muchos egiptólogos importantes de la época como el Dr. Lanny Bell, William Murname que dirigía el proyecto epigráfico de la Universidad de Chicago en Luxor,  o John Romer, entre otros, fueron a visitar a Omm Seti y ella les hablaba  de Sethy y de Ramsés II  como si fueran amigos íntimos o familiares.  Conforme iba pasando el tiempo, la gran dama de Abydos empezaba a mostrar los signos de su edad. En 1978 le comentó a un gran amigo suyo egipcio llamado Hany el Zeini: “Sabes, últimamente estoy un poco cansada, así es que me decidí comprar una parcela de tierra para que me sepulten”. “Me preguntó si de algún modo podía conseguir una de esas bolsas de plástico que los norteamericanos utilizaban para sepultar a sus soldados durante la guerra del Vietnam. “Osiris se morirá de risa”.

Vista general de Umm el-Qaab.

Omm Sethy deseaba que la sepultaran con el vestido blanco que había utilizado en su primer peregrinaje a Abydos. Un día, uno de los líderes religiosos de la mezquita preguntó a las personas más cercanas a la inglesa, dónde pensaban sepultarla. La respuesta fue clara, en la tumba familiar. Sin embargo, la contestación del eclesiástico fue tajante: “!Oh, no! No podemos tener a esa mujer malvada en nuestro cementerio”.  Los monjes coptos del monasterio de Santa Damiana[15] tampoco estaban dispuestos a hacerse cargo de ella: “No piense que vamos a sepultar a esta mujer hereje en nuestro cementerio cristiano”.  Al margen de las opiniones de los religiosos musulmanes y coptos, Omm Seti tenía las ideas muy claras acerca del lugar en el que deseaba que su cuerpo descansara eternamente: “Decidí construir una tumba en el lado oeste de mi jardín. Es una buena habitación subterránea de ladrillos rojos cubiertos por placas de cemento. En la puerta oeste grabaré una pequeña falsa puerta.  También inscribí una oración que pedía mil jarras de cerveza, mil panes, mil bueyes, mil gansos, mil jarras de vino, perfume y toda cosa buena y bella. Al frente de la tumba grabé a Isis con las alas desplegadas. Me hice confeccionar un apoyacabezas de piedra y el personal de la Casa de Chicago me regaló una imitación de ushebti[16],  y mi amiga Tracey me regaló un sarcófago de plástico que me queda muy bien”.

El 21 de marzo de 1981 sería la última vez que Omm Sethy visitaría su querido templo. Un mes más tarde, Dorothy Luise Eady; Bulbul Abdel Meguid; Omm Seti, murió en la ciudad sagrada de Abydos. El Departamento de Salud no permitió que fuera sepultada en la tumba que había preparado en su jardín. Su inhumación tuvo lugar al lado del cementerio copto ubicado en el desierto, justo al noroeste de los templos de Sethy I y de Ramsés II. La sepultura está indicada solamente por unas piedras blancas en las cuales fueron escritas, en jeroglíficos, fórmulas de ofrendas funerarias. También  se colocó una taza de té rota.

Dos años antes de su muerte,  Omm Seti comentó “Creo que soy una mujer muy afortunada y doy gracias de todo corazón a los antiguos dioses que escucharon mis plegarias y me trajeron de nuevo a casa”.

 

Emma González Gil

Dra. en Egiptología por la Universidad de Barcelona.

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Bibliografía:

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[1] Egiptólogo y conservador de las salas egipcias y asirías del Museo Británico desde 1894 a 1924.

[2] Selim Hassan (1886-1961) fue el primer egiptólogo egipcio que impartió clases en la Universidad de El Cairo. En 1936 fue nombrado Director Adjunto del Servicio de Antigüedades Egipcias  y responsable del cuidado de todos los monumentos en el valle del Nilo.

[3] Shunet el-Zebit es una zona de Abydos en la que se encuentra situado el recinto funerario de Jasejemuy, soberano de la dinastía II (2890-2686 a.C.) correspondiente al período denominado tinita o dinástico temprano (3000-2686 a.C.)

[4] Expresión del antiguo Egipto que significa tener relaciones sexuales.

[5] Rawer fue un importante funcionario que vivió durante los reinados de Neferikare Kakai y de Sahuré,  monarcas de la dinastía V (Reino Antiguo). Este personaje se hizo construir una mastaba monumental en Guiza.

[6] Poder espiritual.

[7] Este eminente egiptólogo egipcio trabajó bajo las órdenes de Selim Hassan en Guiza y Luxor. Posteriormente, en 1936,  fue nombrado inspector jefe del Egipto Medio y de los oasis. Dos años más tarde detentó el mismo cargo en la zona del delta. Asimismo fue nombrado conservador del Museo Egipcio de El Cairo y, entre 1942 a 1944, también  dirigió la inspección de los monumentos del Alto Egipto. Cabe destacar sus trabajos de investigación y excavación llevados cabo en la pirámide romboidal de Snefru situada en Dahshur, durante los años 1950 a 1955.

[8] Alto funcionario  que vivió durante el reinado del faraón Niuserre, dinastía V (Reino Antiguo).

[9] Divinidad que aparece documentada a finales de la época predinástica. Este dios demiurgo que según los antiguos egipcios, había creado el mundo mediante su corazón (considerado el lugar de donde emana el pensamiento) y su lengua (de donde procede el verbo creador). Ptah también fue considerado patrón de los artesanos.

[10] El Osireion se encuentra situado en la parte posterior del templo de Sethy I en Abydos. Se trata de una singular estructura arquitectónica que por sus características estructurales podría ser datada de la dinastía IV  (Reino Antiguo). Sin embargo, algunos egiptólogos consideran que fue edificada durante la época de Sethy I. Actualmente se desconoce la finalidad última del Osireion que ha sido considerado como la tumba de Osiris y también como el cenotafio del soberano.

[11] Abydos.

[12] Inspector jefe del Servicio de Antigüedades asignado a la zona del Egipto Medio.

[13] En este sector de Abydos se hallan las tumbas correspondientes a soberanos y notables pertenecientes a las dinastías 0, I y II.  Umm el-Qaab significa “la madre de las vasijas” y se la conoce con este nombre debido a la cantidad de cerámicas depositadas en toda la superficie de esta zona como ofrenda a Osiris.

[14] Amuleto vinculado al concepto de lo ilimitado. El anj simboliza la vida así como la eternidad, además de una fuerza vital para los difuntos. Puede ser considerado el símbolo de la llave de la vida.

[15] Monasterio copto situado cerca de la antigua ciudad de Abydos.

[16]  Figurilla funeraria cuya finalidad era la de realizar los trabajos asignados al difunto en el Más Allá.

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